INICIO INFOARGENTINA@AMORDEPAPA.ORG
 
CASOS EMBLEMÁTICOS
Deberá hacer tareas comunitarias por infringir el régimen de visitas
Por primera vez, una mujer deberá pagar la cuota alimentaria

 

NOTICIAS CORPORATIVAS
Pronto

 

TRIBUNALES DE FAMILIA
Protesta de Abogados

 

LEYES
Impedimento del contacto de los hijos menores con sus padres- Ley 24270
Responsabilidad Parental Compartida
Castigaran a padres separados que tomen a sus hijos como "rehenes"

 

DOCUMENTOS
SAP (Sindrome de Alienacion Parental)
Papás todo terreno
 
AMOR DE...
Padres
Madres
 
INTERACCIÓN
Pronto
 
TIENDA
Pronto
 
DIFUSIÓN
Bandas Sonoras Videos

 

 

¿Responsabilidad Parental Compartida?

 

 

Join WebHost4Life.com

 

 

 


Papás todo terreno

A veces, se da la dolorosa situación en que las madres “abandonan” la familia. ¿Qué pasa con el hombre que se queda? ¿Y con sus hijos? Por otro lado, los roles se equiparan y los niños viven cada vez más con “ellos”. Hay nuevas formas de ejercer la guarda de los niños.

 

Que el concepto de familia tradicional no sea el único, no debería sorprenderle a nadie. Mamá, papá e hijos todos juntos en una sola casa es hoy una más entre otros tipos de familias. Tampoco sorprende que haya madres solteras: las hay, las hubo, las habrá.

Pero lo que no se conoce tanto, pero se registra en cantidades (en la realidad, en el diván, en Tribunales), son los casos en que el padre es quien se queda en casa con los chicos. Las causas pueden ser diversas: ante una separación o divorcio por un acuerdo pacífico entre ambos progenitores o por una decisión judicial por considerarse la mejor opción para el niño (Ver “Roles...”), o la viudez del padre.

Dentro de esta tipología de “papá solo en la casa con los chicos” tal vez la situación más difícil, aunque en absoluto la más común, es el caso en que las madres desaparecen o apenas se hacen cargo de sus hijos y es el padre quien se queda como el único sostén emocional y económico de la familia.

“Hay madres que abandonan y no vuelven a ver a sus hijos, hay madres que abandonan y vuelven a verlos pero se establece una desconfianza, y hay madres que siguen estando pero el rol principal lo tiene el padre. Además, hoy la tenencia la tienen muchos hombres, cuando antes era atípico y llamaba la atención”, cuenta la psicóloga Liliana Beltramo.

Según la experiencia de esta profesional, “lo importante es la resolución que el padre tenga con esos hijos. Me abandonaron con estos chicos y ¿qué hago?”, se pregunta. “Cuando se produce el abandono, es todo un aprendizaje y un shock el que se produce en los hombres. Hay papás que están más preparados y otros que están menos preparados. Tiene que ver con la responsabilidad que tomen y con el lugar que quieren que sus hijos cumplan en su vida”, se explaya la especialista.

En el consultorio, dice Beltramo, detecta respuestas bien diferenciadas que dan estos “padre abandonados”, como los nombra.

Está el progenitor “maternal” que organiza la escuela, la comida, tiene diálogo con los chicos, cuida mucho a sus hijos y no habla mal de la madre. “Cada vez hay más de estos papás”, asegura. El otro tipo es el del padre que vive con sus hijos pero no se hace cargo de la situación y, muchas veces, los deposita en la casa de la abuela de los chicos, de una tía. “En general, los hijos tienen pocos límites y andan haciéndose solos, como se dice”, describe Beltramo.

Por último, están los padres que buscan una nueva pareja para que se haga cargo de los hijos y así armar una nueva familia.

Hablar de eso. La comunicación no es en estos casos una excepción. Hay dos niveles en los que es necesario hablar: los padres con los hijos y la sociedad en su conjunto.

El abandono puede responder a varios motivos: de la pareja en su conjunto, personales de la madre y hasta una patología de ella. Lo importante es que los chicos entiendan de qué se trata. “En general, no se les explican los motivos a los hijos, se los oculta. Entonces, comienza a haber estados confusionales en los hijos. Es muy importante saber la verdad. Muchas veces, si eso se aclara, la mamá puede hacer visitas, los chicos pueden ver a su mamá y pueden diferenciar el porqué del abandono. Eso sí, hay muchas veces que no lo saben ni el padre ni la madre”, dice Beltramo.

Pero no sólo el hablar debe quedar en el ámbito específico del hogar. “Casos como estos se ven en los consultorios y cada vez se los ve más. Lo que sucede es que no se puede hablar de eso. Socialmente, está mal dicho que una mamá abandona a su hijo”, dice Beltramo.

Y, aclara, este tipo de familia no es ni mejor ni peor, simplemente hay nuevos modelos, nuevas situaciones y nuevas problemáticas.

“Estos son los temas que la sociedad no quiere escuchar, porque salen de la estructura y de lo convencional, pero no es que no suceda. No sé lo que es mejor o peor, es lo que está sucediendo. Si tenemos comunicación, tenemos más posibilidades y opciones para cuidar a los niños y a estos padres y a las madres solteras. Estar al servicio de toda la gente. Si seguimos negando esta realidad, no podemos ayudar a nadie”, asegura Beltramo.

En detalle

Aunque no representen del todo la actualidad porque hoy los tipos de familia están en permanente movimiento, los únicos datos globales que existen sobre los hogares monoparentales son los del Censo de 2001. “Familias Monoparentales” son aquellas en las que falta alguno de los dos cónyuges.

Población total. 36.260.130

Familia monoparental. 5.723.852 personas vivían en 2001 en hogares monoparentales, es decir, el 15 por ciento de la población total.

Jefes de familia. Según el censo, en 2001 había 1.427.336 jefes de hogares de familias monoparentales. De ellos, el 17 por ciento eran jefes de hogares hombres, mientras que el 83 por ciento eran mujeres.

El día que mamá partió

Martín todavía tiene presente esa tarde en que su madre partió, se fue, lo dejó; esa tarde en que desde la ventana del auto de su padre vio que ella se marchaba.

Entonces no le dijeron bien qué sucedía pero a una edad en que todavía no sabía ni leer ni escribir, ni sumar ni restar, a Martín las sensaciones no lo engañaron: las lágrimas de ella, el abrazo largo con dejo a despedida, la pesadumbre del ambiente, y algo en el rostro de su padre y su hermana que aún hoy no sabe bien cómo describirlo pero que, dice, todavía lo siente, lo convencieron de que ese momento no iba a ser fácil de superar.

A más de 20 años de aquel día, cuando su madre se fue para recién volver a los años y de a ratos, esa tarde sigue intacta en su mente, la ha repasado infinitas veces, la ha tratado en terapia en cientos de sesiones. La piensa, le da bronca, se arregla internamente, le da bronca de nuevo: un ir y venir que se aloja en él desde entonces. Habla de ello sólo a veces y únicamente con sus seres más cercanos. No puede evitar conmoverse cada vez que lo hace.

Convive con la presencia constante de ese recuerdo, la evidencia del punto exacto en que dejó de ser parte de una familia tipo para comenzar a crecer sin una madre que existe en algún lugar del mundo pero que no está en el suyo y con la presencia única pero incondicional de su padre.

Para Rodolfo, el padre, tampoco fue fácil. De repente se encontró con dos hijos, Carolina de 7 y Martín de 5, a los que tenía que cuidar, cambiar, alimentar, educar, vestir, pasear, divertir, enseñar, querer. De apenas participar en esos “menesteres” –y de ni en pensar en la posibilidad de profundizar en ellos–, tuvo que hacerse cargo de todo y solo. Sin un instante para aprender cómo se hace ni una pareja para compartirlo.

Y a pesar de que según los especialistas es cada vez más común la figura del padre soltero, se sabe que lo usual no es sinónimo de simplicidad. Las tareas del hogar, el trabajo y la organización de la cotidianidad de los chicos –lo que hacen también miles de madres solteras– quedaron súbitamente a su cargo. A la vez, se propuso mostrar fortaleza y evitar hacer visible su propio dolor, para no transmitirle el pesar a sus niños.

Con tantas actividades y obligaciones a su cargo, casi no tenía momentos para compartir con Carolina y Martín, justamente las dos personas por cuyo bienestar estaba tan ocupado. Se tuvo que despedir por años del tiempo para él, de programas de amigos solos, de sus hobbies, del deporte y de cualquier actividad que no se relacionara con su familia.

A dos décadas, hoy el tema, aunque está presente siempre, es tabú entre Martín y Rodolfo: un acuerdo implícito con la única cláusula que dice: “De eso no se habla, es muy doloroso”.

La vida de Martín fue buena, creció en una familia compuesta por su padre y su hermana, de los que tuvo y tiene afecto y contención, fue al colegio, estudió en la universidad, es profesional, vive con su mujer y planea tener hijos.

Hoy se considera una persona feliz, el dolor lo acompaña, está, existe, algunos miedos siguen pero cuando emergen, también sabe que está el amor de su padre, de su hermana, de su mujer. Quien sigue sin estar es su madre, aunque de vez en cuando vuelve: a veces en persona, con apariciones fugaces, pero sobre todo en recuerdo, como fantasma y herida.

 

 

Copyright 2007 - Amordepapa.org , Todos los derechos reservados