Caso Xenofobia
Un llanto en el silencio
Soy Canadiense, en el 2002 llegué a Chile con mis tres
hijos con la esperanza de emprender un proyecto familiar buscando una mejor
calidad de vida. Este viaje correspondió a una decisión bien planeada por
mí y mi marido. Hacía 17 años antes habíamos venido de visita a Chile,
ya que mi marido es chileno; además porque este país se veía como una
esperanza de mejor vida para los niños. Mi marido vendría después a
juntarse con nosotros desde Canadá.
Pero sucedió algo inesperado, que cambió para siempre
estos planes. A su regreso venia con una nueva pareja; con quién
conspiraron y planearon el más oscuro y perverso ataque en contra mía a
través de mis hijos. Este plan lo comprendo ahora porque en el momento no
lo alcanzaba a dimensionar, consistía en utilizar emocionalmente a mis
hijos.
En un principio otorgue todas las facilidades para que a
pesar de la traición de mi marido, los niños mantuvieran el vínculo con
su padre, los dejaba ir con él, no oponía resistencia a sus peticiones, si
quería estar con ellos no encontraba nada oscuro en sus intenciones. Fue en
una de estas ocasiones cuando mi marido invitó a los niños a almorzar con
él y desde ese momento fueron secuestrados y jamás los tuve nuevamente
conmigo.
PERENIGRAJE DESGARRADOR
Desde el día en que mis hijos no estuvieron más
conmigo, comenzó mi largo peregrinaje por tribunales, juzgados, Hogar de
Cristo, Sename, Sernam, etc. Sin embargo, la barrera del idioma jugó en mi
contra ya que nunca pude tener acceso a una persona que me explicará todo
aquello que en los papeles aparecía y que yo no comprendía, tenía que
confiar en lo que los demás me decían. Así todo se iba confabulando en mi
contra, como en una gran telaraña aparecieron testigos. Una persona que
trabajó en mi casa y que fue de mi confianza, que posteriormente me enteré
habría sido enviada por mi ex y su pareja para transmitir todo lo cotidiano
de mi vida personal. Esta desacreditación resultó tal como lo habían
planificado. Fue en el Tribunal de San Vicente de Tagua Tagua, en donde
accedí a un acuerdo para dejar a mis hijos por un “período de
vacaciones con el padre”, este documento fue alterado por “mientras
que el padre viva en Chile” por tal razón cuando intenté recuperar a
mis niños el documento no era tal y ellos no pudieron regresar conmigo.
En esta dolorosa situación, me llega un aviso de
revocación de mi jubilación de invalidez, que me otorgaba el gobierno
canadiense y que me permitía mantener a los niños. Supe entonces que
había sido la pareja de mi marido quien escribió y aportó todos y cada
uno de los datos necesarios para que me quitaran la pensión que recibía de
Canada Pension Plan. Datos que obviamente eran falsos y que ellos habían
iniciado en Canadá antes de venir a Chile. Me fue retirada la pensión de
invalidez, y con ello mostraron al tribunal que yo era una persona que no
podría mantener a mis hijos, frente a la opulencia económica de mi marido
y su pareja. La falta de dinero no me permitió contratar un abogado, al
contrario de ellos, me quedé sin casa, y tuve que comenzar a recurrir a la
ayuda de los amigos. Me fue difícil, pero logré salir adelante. Aprendí
el idioma y me logré insertar como profesora de inglés hasta la fecha.
Hoy los hechos me dan la razón, mi marido se fue a
Canadá, dejo abandonado a sus hijos. La justicia chilena aún no me los
devuelve…a mí que soy su madre. Intento comprender, no he dejado un día
de luchar, sigo recorriendo las instituciones de Chile que “dicen”
proteger los derechos de los niños, sigo pidiendo ayuda, y sigo sin
comprender como aún ellos no están conmigo. Porqué yo sí los amo, yo
deseo que ellos vuelvan a mí, sé que sus cerebros fueron lavados, que sus
mentes de niños fueron trucadas, mis hijos tienen El Síndrome de
Alineación Parental (SAP) en grado crítico, como muchos de los hijos de
AmordePapá.org y que miles más que están creando día a día las juezas y
consejeras técnicas de los Tribunales de Familia de Chile. Sé que mis
hijos se encuentran en la etapa más crítica, más grave de este síndrome,
soy mamá, soy mujer y seguiré luchando por protegerlos. He investigado y
sé por los especialistas a nivel mundial que están mucho más avanzados en
esta materia, que esto es así, a pesar que el SAP no es reconocido por el
Servicio Nacional de Menores de Chile, a pesar de todas las evidencias que
revisan día a día.
A MIS HIJOS LE ENSEMÑARON A ODIARME
Me casé con un hombre chileno; maltratador, que ejercía
la violencia conmigo, pero yo confiaba en él, utilizó las formas más
viles para ejercer su control. El conocía el idioma, manejaba la
información de las instituciones, utilizó todos los medios para destruir
la relación con mis hijos. Planificando cada paso que daba, consiguiendo su
finalidad. Hoy el tiempo me ha dado la razón, mis hijos están destruidos
sicológicamente, la “justicia” chilena ha actuado nuevamente de manera
equivocada –por decirlo con una palabra suave-. Nunca fueron capaces de
dar las garantías mínimas de respeto de sus derechos a mis hijos, ellos
jugaron con sus sentimientos, permitieron su maltrato sicológico extremo…
Y ya dicen que me odian… ¿Quién reparará estos años de separación con
ellos? ¿Quién me devolverá los momentos perdidos, los abrazos y los besos
negados? Quiero escuchar sus risas… quiero ver sus caritas, sus sonrisas…
quiero sentir sus caricias…
Mientras tanto sigo luchando, golpeando puertas, no
dejaré de buscar respuestas y a mis hijos que hoy no están conmigo espero
que algún día lean estas palabras y recuerden a esta madre que no soltará
sus manos.
Agradezco a las personas que me ayudan y las que me
ayudarán, se que volveré a ser madre presente, lo siento así…mientras
lloro en el silencio.