Hoy hice algo simple. Tomé tres copias de un texto
conmovedor del Dr Julio Bronchal, y las fijé frente a la mesa de
entradas de cada uno de los tres "Tribunales Colegiados de
Familia" de Rosario. Un pequeño acto de protesta. Se imaginan si
generalizamos estos actos?
Lean el texto, y conmuévanse:
PAPÁ EN LUCHA
(A todos los padres que luchan por sus
hijos)
Padre que estás sufriendo por amor a tus hijos:
¡¡Lucha!! Yo te entiendo mejor que nadie, entiendo tu desaliento, tu
desesperanza, tu soledad, tu hastío, pero te pido que luches. Te pido que
no abandones. Lucha. Lucha. Lucha. Cuando con buena intención te digan
los demás que abandones, que te vas a destrozar, que la tuya, la mía, la
nuestra, es una causa perdida, que la incomprensión te va a destruir, que
te olvides de todo e inicies una vida nueva, te pido que luches. Cuando te
digan que tengas paciencia que te acostumbres a la injusticia, te pido que
luches. Cuando te propongan resignación Lucha, lucha, lucha. Cuando te
cruces por la calle con un niño de la edad de tu hijo, con una niña de
la edad de tu hija, y en cualquier niño reconozcas a tu hijo y en
cualquier niña reconozcas a tu hija comprendo que aprietes los dientes,
comprendo que frunzas el ceño para no ceder ante las lágrimas, pero te
pido que luches. Cuando despiertes entre sollozos soñando que tus hijos
te piden verte y tú no sabes, para no hacerles daño, cómo explicarles
la verdad, cómo decirles que el egoísmo y la irracionalidad os separan,
te pido que luches, que no claudiques. Cuando te sientas pequeño,
minúsculo, ante el gigante y viscoso muro negro de la indiferencia
oficial, de la gris burocracia, Lucha, lucha, lucha. Cuando compruebes
amargamente que te mintieron, que te engañaron al hablarte de igualdad
ante la ley, de la presunción de inocencia, y sufras la humillación de
estar siempre bajo sospecha, de tener que probar continuamente tu
inocencia ante los prejuicios, las mentiras, las injurias y las calumnias,
Te vuelvo a pedir que luches, Te pido que levantes la cabeza altivo y
luches, que defiendas la dignidad de tu paternidad, porque defendiéndola
defiendes a tus hijos. Te pido que pienses para tu lucha, Te pido que
trabajes para tu lucha. Lucha de pie, Lucha arrodillado, Lucha gritando,
exigiendo, rogando, suplicando. Lucha. Lucha. Lucha. Defiende tu dignidad
de padre. Un día, cada vez más cercano, tus hijos sabrán reconocer tu
esfuerzo y te devolverán con amor los jirones de tu alma rota que has ido
dejando por los caminos de la injusticia. Lucha, lucha, lucha. Porque tú
eres el único que va a defender el derecho de tus hijos a tenerte. Eres
el único defensor de su derecho. Tus hijos se merecen un padre como tú,
Tú siempre serás su padre. Tú eres único para ellos, debes luchar para
que nadie los deje sin ti. Debes luchar, sin desánimo, hasta tu último
aliento, hasta la última lágrima, para que tus hijos no pasen nunca por
donde tú estás pasando. Para que ellos nunca sufran lo que tú estás
sufriendo. Para que tus hijos nunca penen, lo que tú estás penando, por
el único delito de amarlos tanto. Julio Bronchal Cambra, papá de
Asiak y Andros